sábado, octubre 06, 2007

Segunda parte (ya era hora!!)


Tardó cuatro horas en su viaje en el que pudo mirar tranquilamente los pueblos, las carreteras y luego las calles de la ciudad. La ciudad era mucho más ruidosa que el campo, todo estaba lleno de coches, de gente de aquí para allá. Vaquita, al principio, estaba mareada con tanta agitación pero luego disfrutaba contemplando las calles, los andares de la gente, las ropas.
Allí las personas eran más elegantes y sofisticadas, hasta comían helados. Llegó por fin hasta el campo experimental llamado Las vacas sanadoras, donde le recibió el que habría de ser su cuidador, Klaus. Klaus la mimó durante unos días para que se aclimatara bien al nuevo entorno. Una tarde en que Vaquita disfrutaba del sol en su pequeño prado Klaus le presentó a Heinrich, a quien ayudaría Vaquita. El niño miraba el vacío atravesando el cuerpo de Vaquita. Ésta, sorprendida, le chupó la cara con un largo lengüetazo. Ante la falta de respuesta del niño siguieron dos húmedos besos de vaca que consiguieron por fin su atención.
Heinrich observaba la boca grande y rosada de Vaquita que exhalaba un oloroso aliento, aquello pareció gustarle y le metió allí la mano. A Heinrich la lengua le resultaba rasposa, caliente y mojada. Ahora la asombrada era Vaquita, pero entonces dio comienzo una gran amistad. Heinrich aprendió a mugir para asombro y júbilo de sus padres así como a tomarse las cosas con calma; pero lo más importante fue que aprendió a mirar, técnica en la que Vaquita era experta.
El niño empezó a mirar a los ojos, a darse cuenta de lo que le rodeaba, a relacionarse con los demás. Pero, sin embargo, en el aspecto intelectual no progresaba con igual rapidez; trataban de enseñarle a través del ordenador matemáticas, lenguaje, dibujo; pero le resultaban mortalmente aburridos. Así que Klaus pensó que como el niño trabajaba tan bien con Vaquita llevaría el portátil al prado para ver si lograba interesarle en las mates y el dibujo. La verdadera sorpresa se la llevaría Vaquita cuando conoció el programa de dibujo. Quedó seducida por la posibilidad de trazar cualquier figura simple que quisiese. Le mugía al niño para que colorease de verde los círculos, de amarillo limón los cuadrados y cruces lilas. Viendo que el niño respondía, Klaus les presentó un prototipo de una vaca. Allí, con el trabajo conjunto de los dos, niño y vaca, aquellas vacas de fantasía tomaban cuerpo sobre la pantalla: primero la vaca azul con lunares amarillos; luego, la semana siguiente una vaca roja; aún les costó semanas lograr la vaca a listas como una cebra. Vaquita, con su lenguaje secreto de mugidos y miradas le sugería los diseños con los que había soñado todos esos años. Heinrich sonrió por primera vez en su vida al ver aquellas alegres amigas de Vaquita en la pantalla.
Klaus estaba entusiasmado, pensaba publicar un artículo en la revista Investigación internacional con autistas; de hecho estaba tan eufórico que mandó los diseños a concursos internacionales, quedando premiados en una ciudad tan remota para ellos como Bilbao. Vaquita y Heinrich gozaron mucho cuando vieron las fotos de la exposición que se había montado con reproducciones de vacas a tamaño natural que ocupaban parques, calles y plazas. Pudieron ver a la vaca roja pastando en unos hermosos jardines rodeada de geranios; a la vaca cebra mirando un gran sauce al lado de una fuente; y la azul con pintas amarillas observando interesada una tienda de moda.
Un día Klaus llevaba una camiseta hippie con los animales de una granja bailando juntos. Hartos Vaquita y Heinrich de colorear, quisieron dar un nuevo paso y se lanzaron juntos al diseño de camisetas. Heinrich le sugirió a Vaquita dibujar vacas haciendo una torre como las que a él le gustaba hacer con el Lego. Vaquita le propuso dibujar una pareja de vacas bailando un vals, como mamá vaca conoció a su toro. Vaquita, coqueta, se puso la falda de patchwork y Heinrich la retrató admirado. El niño comenzó a dibujar toros por iniciativa propia con los colores de los equipos de fútbol, mientras Vaquita tocaba el tambor.
Klaus colgó el material en la página web de Las vacas sanadoras, cosa que le dio repercusión mundial. Los diseños de Vaquita y Heinrich se hicieron internacionalmente conocidos. Hay quien dice que los diseños de Kukuxumuxu se inspiraron en ellos. Cuando mamá vaca, allá en los Alpes, veía a jóvenes excursionistas hablando una lengua extraña y portando imágenes de vacas bailando el vals o haciendo torres vacunas, supo que en algún lugar Vaquita aún permanecía viva, sin ser comida.

La vaca diseñadora, su hija, había logrado su sueño y por fin era feliz.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado!!

Carme

2 comentarios:

Anónimo dijo...

muuuuuuuu tierno!! molt tendre, m'ha arribat al cor, però la vedelleta al forn amb patates m'arribaria de fàbula a l'estòmac,...juajuajuajua!!
No, tu , ara en serio , molt "xula " la història.
Ets potser tu la vedelleta disenyadora??? Bye "kuku"!!

isabel dijo...

Es una historia molt trista, perque tan sols pensar que pot ser "comidita", snif, snif.